No es un spa compartido ni hay que reservar turno: cada apartamento tiene su jacuzzi y su sauna de uso exclusivo, a metros de la cama y con vistas a los volcanes de La Oliva.
El agua está siempre a punto: filtrado continuo y tratamiento con ozono y luz ultravioleta, sin esperas el día de llegada y sin cloro en la piel. Puede bañarse al amanecer o a las tres de la madrugada; es suyo y no lo comparte con nadie.
La terraza está orientada para que el sol de la tarde y, de noche, el cielo del norte de Fuerteventura, uno de los más limpios de Europa, formen parte del baño.
Madera de ayus, estufa con piedras volcánicas de la isla y bancos a dos alturas. De uso exclusivo del apartamento: sin turnos, sin compartir y sin salir de casa.
La combinación es la que buscan quienes vienen a descansar de verdad: sauna, ducha y jacuzzi, en ese orden, con el mar a diez minutos.
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